miércoles, 28 de diciembre de 2011

Leopoldo Mayorano


  Otro púgil que animó el comienzo de la temporada, conocido posteriormente como rival de José María “Mono” Gatica, en el debut de éste como profesional. Leopoldo Mayorano, de quien se trata, superó por puntos en diez vueltas al local Antonio Alfieri.

Salvador Zaccone


  Salvador Zaccone, porteño hijo de italianos, fue campeón argentino medio pesado en la década de 1940. En 1942, la Sociedad Sirio Libanesa organizaba festivales de boxeo en su sede actual. El sábado 24 de enero del 42 se enfrentaron Martínez Valero “Tigre de Alfara” (75,4) con Zaccone (78,6). Ganó el español “Tigre de Alfara” por abandono en el tercer asalto. La crónica decía: “Zaccone abandonó el ring en el tercer asalto. La Comisión Municipal de Boxeo le retuvo la bolsa y ordenó un nuevo combate con precios populares. El público reaccionó enfurecido, rompiendo sillas y otros elementos”. Lo curioso del caso es que hasta ese momento, Zaccone ganaba por puntos la pelea. Al sábado siguiente (31/01) en la revancha, Zaccone derrotó por puntos en diez asaltos a Martínez Valero. Árbitro: Antonio Alfieri. El sábado 27 de junio de 1942, en el Luna Park de calle Necochea, Salvador Zaccone, ex campeón argentino, le ganó por puntos en diez asaltos a Carlos Seregui y de consumo doméstico: Nicasio Germán Loayza GP5 a Ventura Gallardo. ¡Bingo!, el público se fue conforme con el espectáculo, sin romper nada.

El sábado 25 de julio del 42, Zaccone superó por puntos diez al tucumano Carlos Berta, su vencedor en Tucumán con “fallo localista” el sábado 18 de julio, una semana antes. El sábado 15 de agosto siguiente, el cordobés Amado Azar derrotó por puntos en diez vueltas a Zaccone y en el semifondo de aficionados, Germán Loayza GP5 a Argentino Aguiar. Después nada se supo de Salvatore Zaccone, mientras algunos “turquitos” lo recordarían no con simpatía por cierto: “borqué” gente “rombé” silla, “borqué”; “debué” nosotro gatá “beso” con “carbintero” que también arreglá “buerta” rota. “Dorquito” tené morí “boniendo” guita y “bolicía” no meté “breso” negro “bendenciero”.

Valentín Remis


  Valentín  Remis fue por muchos años boxeador aficionado, y de los buenos, pues era muy duro de vencer; también se rebuscaba mangos extras como masajista. En noviembre de 1946, le salvaron la vida, al ser rescatado de una isla del río Juramento que crecía cada vez más. La islita ya iba a desaparecer por el nivel de las aguas, pero los salvadores llegaron a tiempo, recogiendo a Remis y a dos compañeros de pesca. “El pugilista se encontraba en malas condiciones psíquicas, a raíz de la tremenda depresión que le produjo el suceso”, se comentó posteriormente. ¿Ya existía por esos años la hoy mentada y generalizada “depre” y el “estrés?

Tongo en Orán.

El boxeador porteño Carlos Rovira se hizo famoso en Salta, fuera del ring del Luna Park, por la recordada pelea con el oso de un circo. Ello provocó que el ingenio popular, que no  carece de límites, hiciera uso de la analogía. Cuidado con que un galán apareciese acompañando a una gordita por la galería Continental, donde se daba cita una batería de ociosos y atrevidos, los que sin piedad gritaban al novio “Rovira”. Y hablando de atrevidos, el propio Rovira era uno de ellos. Llegó a Orán con el cartel del hombre que había combatido con un oso -era el anzuelo de los “cabezas atadas” para que concurra más público- y muchos fueron “pescados”. Carlos Rovira debía cruzar guantes con otro afamado liviano, Gustavo Montenegro, pero a la hora de los “bifes”, los dos se hicieron los “osos”, y el tongo fue evidente. Ello ocurrió el 12 de mayo de 1956, día en que en Orán se produjo un escándalo de grandes proporciones. La Comisión Municipal de Orán, tras el informe del árbitro, suspendió a los dos tongueros, y se quedó con la recaudación. Cash, gracias, y vuelvan muchachos. Pero el drama era ese, el regresar a la capital, ya que ambos no tenían un “triste mango” ni siquiera para el mate cocido, lo más barato en menú. Cola en la municipalidad para ver si les “tiraban” unos pesitos para el pasaje y algo para “mordisquear”. A Montenegro y Rovira les faltaba el hábito para ser monjes, pues habían ayunado como estos en convento, y eso les daba derecho a parecerse a religiosos de claustro. En Orán también se “abusó” del “empatil” con estos dos trabajadores del ring, pero que se habían enfrentado de “mentirita”, aquella noche. Con posterioridad a este suceso boxístico, Orán fue también protagonista de acontecimientos similares, el de “embargar” las bolsas. Es cuestión de recorrer el espinel del pasado.

Curiosa Ordenanza Municipal: “derecho de aire”.


El Concejo Deliberante acaba de crear un nuevo impuesto, erigiéndose en dueño del “aire”, pues desde hoy en adelante, nadie podrá disparar un cohete, sin haber pagado antes 3 pesos como “Derecho de Aire”. Con todos estos impuestos han conseguido matar al boxeo, pues hoy en Salta no se puede realizar ningún espectáculo de esta índole debido a la carencia absoluta de aficionados y para pelear a beneficio exclusivo de la Comuna, es mejor quedarse en casa”. Otro “zarpazo” Municipal. En el Teatro Victoria sucedió una extraña y curiosa situación. Combatía esa noche del 20 de agosto de 1927 el ascendente Miguel Klyver y el negro Victoriano Suárez. Las autoridades de la promoción boxística resolvieron adecuar las cuerdas en la pelea estelar y en ese trajín se encontraban los operarios, cuando un  poste cedió y cayó sobre la humanidad del pobre negro que quedó nocaut. A duras penas se repuso del accidente, pero se había luxado el hombro izquierdo, y pese a esta adversa circunstancia resolvió iniciar el combate. Klyver no perdonó y en cuestión de segundos lo puso nuevamente nocaut. La Municipalidad (precursora de la AFIP) dispuso inmediatamente secuestrar la recaudación, quedándose con el 25% del monto total, y lo que le correspondía al negro Suárez por su actuación, donarlo al Hospital del Milagro. Generosidad comunal con la plata ajena. El negro Victoriano Suárez retornó a su rancho sin un mango, todo molido, y dos veces noqueado en cuestión de pocos minutos. (Nueva Época, sábado 20/08/1927)

martes, 27 de diciembre de 2011

Kid Chocolate perdió y encima lo “cascó” la madre

  Y esto de perder dos veces le sucedió por los años 50 al desaparecido y recordado Kid Chocolate, formador de varias generaciones de aficionados, los cuales le brindaron malas y buenas por igual en sus campañas. Resulta que Chocolate era cadete de la tienda Heredia y le gustaba el boxeo con locura. Caía al Luna Park de la calle Necochea  para quedar bajo las órdenes de otro grande ya desaparecido: Roberto Espeleta. Había pasado el tiempo, la bicicleta de reparto le brindaba a Chocolate el fondo aeróbico que complementaba con la gimnasia sueca del boxeo. Un buen día, el vasco Espeleta le dijo: “bueno, ya estás listo para combatir, para subir al ring en serio, ¿qué no?” Eso y decirle tenés bicicleta nueva y tuya, fue una sola cosa. Pero Chocolate tenía un gran problema: su madre. Como todo chango inquieto, la “había tanteado” a la vieja y ésta, contrariada, habló peste de “ese deporte loé sanguinario”, “lo deberían prohibilo”. ¿Que sabía de boxeo?, y alguito entendía la señora. Primer y gran obstáculo insalvable para las ambiciones boxísticas del aspirante. Esa tarde llegó consternado al gimnasio y en seguida todo el mundo sabía de la dificultad insalvable de Chocolate quien, en realidad, adoraba a su madre. Pero la solución la dio un colega un poco alejado del grupo, cuando le dijo “ponete otro nombre mataco, no te l’haguí problema, total tu vieja ni se lo va a enteralo siquiera”. Y Chocolate se puso en la tarea de rastrear un mote, mientras pedaleaba la bicicleta con el canasto lleno de pedidos de la tienda. No se sentía pantera, tigre, puma, salvaje, en fin, no quería escuchar las insinuaciones sinceras de sus colegas. No, él, Chocolate, se sentía más científico para el boxeo, no destructor. Por ahí escuchó en rueda de amigos, ajenos a él, en un bar en una mesa de personas mayores. Cada uno a su manera, desparramaba sobre la mesa sus conocimientos boxísticos. Y alguien ponderó a Kid Chocolate (Eligio Sardinas), el cubano de las grandes hazañas, un peso pluma excepcional, también motejado como “Cuban Bum Bum”, para meterle miedo a los nasos chatos de yankilandia.
  Y a Chocolate, le gustó el Kid Chocolate. Con ello creía haber salvado el gran obstáculo que significaba su progenitora. Comenzó a ser boxeador, ganando y perdiendo, porque del otro lado del “matacaje” originario, ninguno era “manco” tampoco. Él era feliz igual, estaba en lo que le gustaba. Pero el uso permanente de las situaciones, los combates seguidos, le fueron dando experiencia y eso, traducido al diario vivir, lo convirtió en “atrevidito”, no cuidando detalles importantes, como recibir visitas de amigos con narices torcidas. Escudado bajo el mote de Kid Chocolate se olvidó de que al Luna Park iban humanos bípedos como él, de todos los colores,  layas y “lengua”. Y alguien de ésta última casta encontró un día a la señora “mamá” del Chocolate y las felicitaciones por el hijo que tenía, llovieron a raudales. La pobre madre se imaginó que el hijo había sido ascendido a vendedor de tan importante tienda y que eso cambiaría su medio de vida. El informante, o “buchón”, ignorando la situación real, “largó” todo.
  Una noche, al Chocolate le tocaba como rival a otro “escondido”  o “incógnito” no originario, que portaba el mote de Kid Gavilán, en homenaje a otro púgil cubano, que nada decía, pero que a la hora de sopapear contendores, se mostraba “hijito” en la cuestión. Magullado por todos lados (por Gavilán) el pobre Chocolate, perdedor, se había sido recompuesto a duras penas en el rincón y cuando estuvo en condiciones de caminar, cruzó la soga y bajó la escalerita. No hizo más que poner la izquierda en el piso, cuando le cayó sobre su pobre lomo, cabeza, pantorrillas, uñas, callos, codos, nalgas, una lluvia de cachetazos y azotes por él conocidos, de origen “casero” por cierto, provenientes de su enfurecida madre que acompañaba a su accionar con duras reprimendas verbales. Si aquella “apenitas soy Arjona” quedó en proyecto unos años antes, esta señora hizo realidad el sueño de la “apenitas” Arjonita, aunque con su propio hijo y vecinos curiosos y comedidos.
  Lo mejor del caso, es que nadie podía contenerla y hasta se dio el lujo de “surtir” en su exaltación de lo lindo a muchos de los ociosos comedidos que nunca faltan. “Me loa calzao a mí la vieja”, “ni mi mama me loa “convidao” como eta vieja”, “yo lo quería serenalo la cosa y mirá como lo tengo el brazo”, “a mí me loa surtió lindo y varíao”, “a mí me loa quesíao la caniya la veterana”, “mirameló a mí como lo tengo el tobiyo, como “acuyico” me loa dejao”, comentaban jocosamente los entrometidos que cayeron víctimas de la furia de la criolla madre de Chocolate para quien todos eran culpables. Dicen que toda comunidad cuenta siempre con memoriosos, y en éste caso, hubo necesidad de “hurgar el carcaj” duro para encontrar uno de ellos y rescatar esta sabrosa anécdota que tuvo por escenario al añoso estadio del Luna Park de calle Necochea 731, allá por 1949-1950, hoy convertido en “bailongo” moderno de la “Balcarce”. El aporte artístico de Yerba, con su dibujo sobre esta recordación maravillosa sobre el boxeo, complementa el cuadro.

lunes, 26 de diciembre de 2011

La “pantera” Suárez nocaut “bis”

¿Conocen el caso de un boxeador que haya perdido dos veces en una misma noche y ambas por nocaut? Bueno, no es cuestión de apurarse, porque sorbiendo de a poco, el vino sabe mejor. Y ya hablamos de los motes rimbombantes, originados en los promotores, verdaderos “bautistas” del boxeo, junto a los segundos de los “narices chatas”. Victoriano Suárez era un salteño, morocho oscuro, al que le cayó como anillo al dedo el “pantera”. En julio de 1927, el viejo teatro Victoria, debía enfrentarse con Miguel Klyver, otro salteño “picante” de la época. “... El combate tuvo un desenlace inesperado, debido a que los “materiales” con que fue armado el ring, resultaron demasiado añejos. Antes de la pelea se procedió a ajustar las cuerdas de los parantes y el poste de la esquina de Suárez se vino abajo, golpeando en la cabeza y hombro del púgil, quien cayó de bruces al piso, perdiendo el conocimiento. A raíz de ello, Suárez sufrió una luxación en el hombro izquierdo. No obstante lo ocurrido, Suárez inició la pelea y Klyver, que no le perdonó, se hizo una fiesta ganando por abandono antes de finalizar la vuelta inicial.