miércoles, 28 de marzo de 2012

Miguel Ángel “Puma” Arroyo (66,5) y Héctor Hugo Vilte (66)


  El viernes 30 de marzo de 1990 el estadio Delmi fue colmado por los amantes del boxeo. Esa noche dos figuras de mucho prestigio del deporte de los puños salteños se enfrentaban: Miguel Ángel “Puma” Arroyo (66,5) y Héctor Hugo Vilte (66), dos medio medianos de enorme arrastre. El “Puma” exponía por tercera vez su título de campeón sudamericano de la categoría, el mismo que le había arrebatado al chaqueño Ramón Abeldaño, al noquearlo en el octavo en el Luna Park porteño. El “Puma” Arroyo ganó por puntos al cabo de doce vueltas. Cuando se decretó la victoria de Arroyo, una multitud subió al ring a festejar con el campeón. Saltando todos, el piso del ring se hundió llevándose a los invasores, con protagonistas en general, al poco profundo foso. En ningún momento se percibió un asomo de tragedia, por el contrario, en las tribunas se aposentó la algarabía por el inusual suceso en un escenario boxístico y todos festejaban por igual riendo a rabiar. “Nunca li vito a tanto negro metío en un hoyo”, se despachaba un “colado” a la platea como sucede siempre. “El rin sia coquíao a todo lo negro junto”, en fin, expresiones festivas como estas brotaron por doquier. El “Puma” fue “izado” desde el fondo, pero ya no existía el ring y fue llevado a los vestuarios, hacia donde había partido, bien conocido el fallo, Vilte.

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